¿Tu hijo duerme con la boca abierta? Lo que la respiración oral puede estar diciendo

Publicado por Ahotsa el

Muchas familias nos lo cuentan casi de pasada, como un detalle sin importancia: «Ah, y duerme siempre con la boca abierta». O «ronca un montón para ser tan pequeño». O «está todo el día con la boca entreabierta, viendo la tele o jugando». Y no es un detalle menor. Respirar por la boca de forma habitual no es solo una costumbre: con el tiempo, puede influir en cómo crece la cara, en cómo se colocan los dientes, en cómo traga, en cómo habla y hasta en cómo descansa.

Por la nariz, no por la boca

La nariz está hecha para respirar: calienta el aire, lo humedece y lo filtra. La boca es una vía de emergencia, para cuando corremos o tenemos la nariz tapada por un catarro. El problema aparece cuando esa vía de emergencia se convierte en la de todos los días.

Cuando un niño respira por la boca, la lengua deja de apoyarse arriba, en el paladar, y se queda abajo. Parece poca cosa, pero la lengua, en su sitio, es la que ayuda a que el paladar crezca ancho. Si no está, el paladar tiende a crecer más estrecho y alto, los dientes tienen menos espacio y la mordida puede no cerrar bien.

Señales en las que fijarse

No hace falta estar pendiente todo el día, pero sí merece la pena observar si tu hijo:

  • duerme con la boca abierta, ronca o tiene un sueño muy movido;
  • está despierto con la boca entreabierta y los labios separados;
  • tiene los labios secos o agrietados a menudo;
  • se levanta cansado, con ojeras, aunque haya dormido sus horas;
  • babea más de lo esperado para su edad;
  • saca la lengua entre los dientes al tragar o al decir algunos sonidos, como la s;
  • come con la boca abierta o le cuesta masticar ciertas texturas.

Ninguna de estas cosas, por sí sola, significa que haya un problema. Pero si reconoces varias, vale la pena consultarlo.

¿Por qué pasa?

A veces hay algo que dificulta el paso del aire por la nariz: unas vegetaciones (adenoides) o unas amígdalas grandes, una alergia que mantiene la nariz congestionada, o una desviación. Otras veces, la causa que lo empezó ya se ha resuelto, pero la boca se ha quedado con la costumbre de estar abierta y los músculos de la cara y la lengua se han acostumbrado a trabajar así.

Por eso el primer paso siempre es médico: el pediatra o el otorrino son quienes valoran si hay algo que esté impidiendo respirar bien por la nariz y si hay que tratarlo.

Dónde entra la logopedia

Cuando la nariz ya permite respirar bien, muchas veces la boca sigue abierta «por inercia». Y ahí es donde la terapia miofuncional marca la diferencia. Es un trabajo de logopedia que reeduca los músculos de la boca y la cara: enseñamos a cerrar los labios sin esfuerzo, a colocar la lengua en su sitio, a respirar por la nariz y a tragar de forma correcta.

Con los niños lo hacemos jugando, con ejercicios adaptados a su edad y con la familia como parte del equipo, porque los avances se consolidan en casa, en el día a día. Y cuando hace falta, lo coordinamos con el otorrino, el pediatra, el odontopediatra o el ortodoncista, porque en la respiración oral casi siempre es necesaria una mirada conjunta.

¿Y en adultos?

También ocurre. Hay adultos que llevan toda la vida respirando por la boca sin saberlo, y lo notan en forma de ronquidos, boca seca al despertar, cansancio o problemas para tragar. La terapia miofuncional también se trabaja en adultos, a menudo junto con el tratamiento del dentista o del ortodoncista.

Cuanto antes, mejor

En la infancia, la cara y la boca están creciendo, así que es el mejor momento para encauzar las cosas. Si te has visto reflejada en algo de lo que contamos, no hace falta esperar a que «se le pase». Coméntalo con su pediatra y, si quieres, llámanos al 667 07 78 16 y te orientamos sobre los siguientes pasos. Puedes ver más sobre lo que hacemos en logopedia en Getxo.

Categorías: Consejos

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